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Bellas Artes 2022 para el flamenco y tirón de oreja

Lole Montoya y la coreógrafa malagueña Rocío Molina han sido reconocidas en una edición en la que se vuelven a olvidar de Pansequito

Publicado: 04/01/2023 ·
16:37
· Actualizado: 04/01/2023 · 16:38
  • Lole Montoya -
Autor

Juan Garrido

Periodista jerezano, director y presentador de 'Alianda', el espacio flamenco de Publicaciones del Sur

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El flamenco es objeto de estudio, opinión e información en este apartado que nace en Jerez pero que abarca toda la actualidad andaluza

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Finalizaba el año 2022 con la publicación de la lista de galardonados con las medallas de Oro al Mérito de las Bellas artes, uno de los reconocimientos que cualquier artista del género o disciplina que sea quiere tener entre sus repisas. Los más “humildes” seguramente dirán que no hace falta tanto premio para sentirse querido, aunque también es cierto que a nadie le amarga un dulce.

En el ámbito flamenco destaca la presencia de dos grandes y rompedores nombres de distintas épocas: Lole Montoya (1954) y Rocío Molina (1984). La primera de ellas es una de las culpables del conocido ‘nuevo flamenco’ que se dio a partir de los 70, muy especialmente en el caso de esta cantaora junto a Manuel Molina (dúo) en el 1975, con la publicación del disco Nuevo día.  A Lole y Manuel se le deben muchas noches de amor, demasiados desencuentros pasionales y mil besos de corazón. Ambos dibujaron las líneas más especiales de aquella jondura que rompía con lo establecido y que sonaba a amanecer. Aquellas letras del poeta trianero Juan Manuel Flores inspiraron a una generación que comenzaba a descubrir otras influencias musicales como el rock o el jazz de una manera potente y atrevida.

La dulzura de Lole la hizo única. Su fragilidad creó escuela aunque nadie nunca ha podido acercarse a tal pastel. Aún sin su Manuel al lado, ha seguido apareciendo en noches emblemáticas y, sin mucho presumir, es de las pocas a las que todos admiramos. Es por ello que este galardón cumple una función de justicia, pues es habitual que a los que poco exigen les llegue la recompensa pública de instituciones “ministeriales”.

La otra andaluza premiada es Rocío Molina. La malagueña es hoy por hoy una de las más admiradas dentro de la danza a nivel internacional, basando su discurso en el flamenco aunque llegando a cotas de creatividad bien contrarias a lo que en su día fueron sus cimientos. Lo que no cabe duda es que Molina cuenta con el respeto del gran número de artistas contemporáneos, sobre todo de aquellos que no tienen límites en el escenario y que luchan por llegar a otra esfera nada convencional de este arte. No todos lo consiguen, dicho sea de paso. Obras como Trilogía sobre la guitarra, Caída del Cielo o Grito Pelao le han colocado en la cima de los festivales más prestigiosos del momento y a nadie deja indiferente.

Dicho esto, quiero sumarme al movimiento que se ha creado en las redes sociales para que de una vez se reconozcan las trayectorias de dos artistas más que relevantes que siguen estando en activo y que bien merecerían formar parte de esta lista publicada por el Ministerio de Cultura o de los que conformarán los premios de la Junta de Andalucía para el próximo 28F.

Nos estamos refiriendo a Pansequito, único cantaor de sesenta años ininterrumpidos en los escenarios, y Aurora Vargas, gitana y figura del cante y el baile que ha dado la vuelta al mundo con su más expresiva estampa. Los méritos son más que constatables, y no es este el artículo previsto para ello. Sabemos que toda decisión que se tome en clave política, como las medallas de Andalucía o las de las Bellas Artes, tiene un trasfondo algo translúcido, pero que a nadie se le olvide que en el flamenco, como en todo, siempre ha habido niveles y que no es lo mismo el jamón que la mortadela. Y nos referimos a otros premiados en anteriores ediciones que ni por asomo han consolidado una obra como las de los dos citados en líneas más arriba.  

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