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Puente Genil

Manuel Bueno García: "La religiosidad impera en nuestra Semana Santa"

Este año el “Manantero Ejemplar” de nuestra Semana Santa es Manuel Bueno García

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  • Manuel Bueno García -

Como viene siendo habitual y tradicional la Agrupación de Cofradías y Corporaciones Bíblicas, elige todos los años a la persona que altruistamente ha dedicado parte de su vida a trabajar y cuidar de nuestras tradiciones. Este año el “Manantero Ejemplar” de nuestra Semana Santa es Manuel Bueno García, al que agradecemos su amabilidad para atender la llamada de “Puente Genil Información”. Lo primero de todo, trasladarte nuestra felicitación  

¿Cuéntanos quién es Manolo Bueno?

—Muchas gracias por tus palabras, Ángel. Yo nací de unos padres ya mayores, que vivieron los problemas de la guerra civil, en  casa de mi abuela en la calle José Ariza número 45. Luego, por circunstancias de la vida, mi padre compró un solar e hizo una casa en la calle Arapiles, frente a la venta de las Flores. Allí estuve hasta los seis años más o menos. Después, con mis padres, volvimos a casa de mi abuela hasta que murió. Tenía yo 13 años. Mi abuelo, Frasquito de Sales, tenía una panadería en la  misma calle, en la que trabajaban mis tíos con él. Gracias a Dios y a ser hijo único he recibido toda mi vida mucho cariño de mis padres y familia. De allí salí para casarme y formar hogar propio.

¿Qué más recuerdos destacables tienes de tu infancia?

—Hombre, yo no puedo olvidar a don Valentín, mi primer maestro. Me llevaba de la mano desde la calle Arapiles hasta la escuela que había en la Fuente los Números. Un trayecto muy largo para un crío como yo. Él me enseñó a leer, a escribir, a sumar, etc.  Después, alrededor de los nueve años, mis padres me pasaron a los Hermanos de la Doctrina Cristiana. Tengo que decir que los Hermanos hicieron una labor muy importante en Puente Genil en todos los sentidos: enseñanza, educación, valores humanos, espiritualidad… Estoy seguro de que todos los que pasamos por allí tenemos buenos recuerdos. Tras acabar el Bachiller, inicié los estudios de Biología en Córdoba. Fui de la primera promoción (1972-77) y allí conocí a Mari Carmen, mi mujer, mi compañera y mi vida...

Empezamos con la Mananta, ¿participaste en la Semana Santa Chiquita?

—Por supuesto, como todo pontanés que se precie. Empezamos sobre los diez u once años con los grupillos de picoruchos  prestados,  con algún Cristo o Virgen de nuestros padres, la Cruz de Margallo… cada uno con lo que podía y tenía a su alcance. Lo que importaba era imitar a nuestros mayores siguiendo la tradición. ¡Y bendita tradición!  Ahí está la levadura de nuestra Mananta. Después saltamos a la grande y cada uno elige lo que más le gusta:  cofradías, corporaciones, etc. ¿Cómo ha sido tu caminar hasta llegar a tener el honor de Manantero Ejemplar? —La verdad es que no lo sé.  Lo único que he hecho siempre ha sido trabajar por nuestra Semana Santa con todo mi corazón sin escatimar esfuerzo alguno, arrimando el hombro allá por donde he pasado: La Amargura, La Entrada Triunfal en Jerusalén, la Virgen de las Lágrimas, el Santo Sepulcro y por supuesto nuestro ‘Terrible’.

Perdona que te apriete, con la mano en el corazón, ¿te consideras merecedor de tal honor?

—Eso sólo lo sabe Dios. Yo no puedo decir que me lo merezca o no. Hay muchas personas mejores  que yo, merecedoras de ese título. Por lo tanto, ya les llegará tarde o temprano, estoy seguro de ello.

¿Cómo fue tu paso como presidente de la Agrupación de Cofradías?

—Pues no me fue mal, yo diría que bien. Muchos encuentros, muchas reuniones, donde tuve que hablar bien y claro para que se me entendiera. La única manera para consensuar es llevarte a la gente al huerto pero con convencimiento, sin acritud ninguna. Agradezco a todas las cofradías y corporaciones el comportamiento que tuvieron conmigo. Gracias a Dios no tuve problemas graves.

¿Cómo funcionan la Iglesia, las cofradías y las corporaciones?

—Con virtudes y defectos. Siempre digo que la raíz de todo es la raíz de la Iglesia. Jesús Nazareno y María Santísima son los artífices de todo lo que es nuestra Semana Santa. Y no solamente eso, sino que tenemos además todo lo que es el Antiguo y Nuevo Testamento. Las alegrías de la propia Iglesia, la virtud de los dones, es decir, las potencias del alma. Tenemos una Semana Santa completa y totalmente religiosa. Habrá quien tenga más o menos fe, pero, bajo mi punto de vista, impera la religiosidad.

¿Te has perdido alguna Semana Santa en tu vida?

—No, ninguna. Me hubiese gustado ver otras y tuve ocasión, puesto que el tiempo que estuve de presidente de la Agrupación de Cofradías tuve contacto y fui invitado por las de Córdoba y Montilla, que me enseñaron sus tradiciones y tal. Pero cuando llega la hora, la tierra tira tanto que no me deja ir a otro sitio.

¿Qué le falta y le sobra a nuestra Semana Santa?

—Pienso que tenemos que ser más respetuosos con lo que estamos presenciando en la calle. Veo que vamos todos muy liberados. Quizás sea  nuestra idiosincrasia, el movimiento arriba y abajo. Tendríamos que hacer todos un esfuerzo y evitar en lo posible ese desorden que desluce nuestras imágenes.  Y con relación a lo que le sobra, pues no lo sé. Posiblemente a algunos les parezca muy larga y por eso existen espacios vacíos de acompañamiento. Se habló en cierta ocasión de que las figuras bíblicas puedan ir de dos en dos sin que varíe su significado. No sé, yo la veo bien tal y como está; vayamos a meter la pata…

¿Qué es un cuartel para tí?

—Hubo quien me dijo que aquí había dos Semanas Santas, una en la calle y otra en el cuartel. Lo que pasa es que la Semana Santa de la calle es el cuartel subiendo al Calvario con unas motivaciones: rendir  pleitesía y adoración al patrón, a Jesús Nazareno. Subimos en unidad cantando coplas y canciones a María Santísima y a Jesús Nazareno. Ahí hay unos verdaderos valores fuertes. Y en cuanto al cuartel por dentro, lo importante es cómo se vive y comparte ese encuentro entre hermanos. Se comparte la vida, los bienes, se fomenta la amistad, los valores cristianos. El cuartel es el pequeño cenáculo de ahora, donde seguimos rememorando lo que hizo Jesucristo por nosotros. Manolo Reina, capitán del Imperio Romano, acertó al definir un cuartel como “crisol de hermandad donde sus moradores dejan sus colores y apellidos en la puerta”.

¿Al lado de un gran hombre siempre hay una extraordinaria mujer?

—Gracias a Dios hace ya bastante tiempo que la mujer se incorporó en cuerpo, porque en alma lo estuvo siempre, a nuestra Semana Santa en hermandades, corporaciones, costaleras, bastoneras etc. Recuerda que el primero que defendía a las mujeres era Jesucristo. Ahí estaba la Magdalena, ¿no?  Lo que pasa es que el lugar de la mujer en la Semana Santa se limitaba a unas cosas, y ahora han dado un paso más al frente siendo picoruchos, bastoneras, costaleras y conviviendo igual que los hombres. Eso me parece extraordinario y positivo, y no me cabe la menor duda que esta incorporación engrandece nuestra Semana Santa.  

¿Qué opinas del Día de la Cruz?

—Es la semilla de la grande y gracias a Dios va en aumento. Es cuando los niños se plantean qué es lo que hacemos los mayores, con nuestras virtudes y defectos para mejorar lo primero, y eliminar lo segundo. Por supuesto, a los mayores nos corresponde labrarlo y pulirlo para que la cosa vaya por el camino recto y después el fruto que recojan sea bueno.

¿Quieres añadir algo más?

—Darte las gracias por haberte acordado de mí y desear a todo Puente Genil lo mejor del mundo. Que esta Semana Santa la podamos disfrutar por dentro y por fuera ya que es nuestro símbolo. Gracias Manolo, el tiempo ha demostrado que haces con creces honor a tu apellido, Bueno. Que Dios te bendiga, Ejemplar Manantero”. 

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