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28/02/2021

En román paladino

Metedura de pata

Por un puñado  más de votos en Cataluña no se puede tirar por la borda los fundamentos de la democracia española

Publicado: 20/01/2021 ·
08:25
· Actualizado: 20/01/2021 · 08:25
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  • El vicepresidente segundo y ministro de Derechos Sociales y Agenda 2030, Pablo Iglesias.
Autor

Rafael Román

Rafael Román es profesor universitario, miembro del PSOE, exconsejero de Cultura y expresidente de la Diputación de Cádiz

En román paladino

El autor aborda en su espacio todos los aspectos de la actualidad política tanto de España, Andalucía y la provincia de Cádiz.

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Lo que ha declarado Pablo Iglesias,  equiparando la  situación de Carles Puigdemont, fugado y  del que  el poder judicial español  tiene  solicitada su extradición, con el exilio republicano es una metedura de pata de las que hacen época. Por un puñado  más de votos en Cataluña -cosa harto dudosa que consiga, por lo irreductible del voto soberanista  o independentista- no se puede tirar por la borda los fundamentos de la democracia española. Si el razonamiento de Pablo Iglesias se llevara a las últimas consecuencias se deduciría  que el gobierno del que  es vicepresidente segundo permite exiliados y presos políticos. La siguiente consecuencia debería ser  su dimisión irrevocable e inexcusable,  por dignidad democrática.

Naturalmente, cuando su propio partido lo ha tenido que matizar y aclarar significa que se trató de una  mera maniobra electoral mal calculada, por la frivolidad que encierra. Todas las asociaciones memorialistas lo acusan de banalizar el exilio republicano, en el sentido que le se le dio a la banalidad  del mal en el nazismo. La impulsora de este concepto fue la alemana/norteamericana Hannah Arendt, huida del nazismo,  que escribió   Eichmann desde Jerusalén, con  el subtítulo de  Sobre la banalidad del mal, entendiendo por  banalidad del mal  el que existieron en ese tiempo en Alemania - se podría aplicar a cualquier dictadura-  personas capaces de cometer grandes barbaridades y atrocidades siendo, en apariencia en su vida corriente,  perfectamente normales.

Pablo Iglesias  sin duda ha banalizado el exilio republicano. Un periodo de guerra, cárcel, campos de concentración, exterminio, huida furtiva en barcos repletos, persecución en caliente en algunos países de falsa acogida, por colaboracionistas con el franquismo,  no se puede equiparar con la vida muelle de un eurodiputado en el Parlamento Europeo, con una gran residencia en Waterloo,  que recibe centenares de donaciones oficiosas, oficiales y libres para organizar su vida, aunque esté perseguido por la justicia española. Es posible que la justicia española haya podido equivocarse y que puede ser enmendada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo o el Europeo de Luxemburgo, pero eso no  exime a Puigdemont  del cumplimiento de la legalidad, que puede ser enmendada por los mismos cauces legales.  Harina de otro costal es la repentina conversión a la fe republicana  y del exilio de medios y personas de la más rancia derecha que lo hacen simplemente por  atacar a Iglesias.

 

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